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  • El artista y el niño de muletas

    Msanii / Siston

    Msanii significa ‘artista’ em swahili. Es así que quiere ser conocido el muchacho de 15 años que sueña en vivir de la música.

     

    De baja estatura, el pequeño muchacho no aparienta la edad que dice tener. Hacen 10 años que él vive en las calles de Goma.

    Nunca ha ido a la escuela, no sabe ni leer ni escribir.

    Pero Msanii sueña en seguir el camino del rap, así como su ídolo el cantante Wanny S-King quien dedica sus composiciones a los niños que viven en las calles.

    “Creo que me gustaría poder ir a estudar en la escuela. Pero mis padres no tienen dinero”.

    Hace mucho tiempo que él no visita a su familiares que viven en la periferia norte de Goma.

    “Las personas de mi comunidad me culpan por el robo de una bicicleta. Si vuelvo, me van a golpear”.

    De peleas y pequeños robos, así son los días de Msanii en Goma.

    La música parece ser la única esperanza de dejar para tras una rutina de robos.

    “Quiero componer una música con Wanny”, sueña alto.

    A Msanii le encanta cantar y sabe de cabeza la letra de las canciones que inventa.

    © Flavio Forner

    “Quiero tener un futuro en la música”.

    Wanny S-King, de 26 años, es el ídolo de los chicos en Goma.

    El cantante congoleño es natural de Kivu del Sur, provincia vecina de Kivu del Norte, pero ha sido allá en Goma que Wanny creció y se hizo artista.

    “Crecí en las calles de Goma. No fue a ninguna escuela de música, aprendí a hacer música en la calle. Es tal vez por que a los chicos tanto me gustan”, dice el rapper.

    Wanny vio el potencial de su fan Msanii y lo invitó a participar del clip de su reciente canción ‘Maibobo’ que versa sobre los niños de la calle.

    “Como artista, intento usar el arte para ayudar a promover la paz y hacer um cambio positivo”, comenta Wanny.


    Siston tuvo una vida semejante a la de Msanii.

    Él tiene 12 años y hacen cinco optó por abandonar a su familia. La pobreza em que vivían fue el factor que lo expulso de su camunidad.

    Siston no integró ningun grupo armado, y tampoco es hijo de soldados. Pero él es una de las facetas de la vulnerabilidad de muchos chicos congoleñas que acabaron buscando las calles como el medio de vida.

    Él realmente quería estudiar.

    Como nada de eso há sido posible, dejó a su familia y los cinco hermanos.

    Él pasa las noches durmiendo en el piso del mercado Virunga. Durante los días, el mercado es un área movimentada de la ciudad de Goma. A la noche, se convierte em abrigo para quienes buscan un techo para protegerse del rocío.

    En el horario del almuerzo, recorre los bares de la región pidiendo restos de alimentos y así asegura su comida diaria.

    © Flavio Forner

    “La única cosa que deseo en la vida es estudiar. Pero mis padres nunca me han dejado, ellos no tienen dinero”.

    Estudiar en el Congo, aunque sea en una escuela pública, cuesta caro.

    La enseñanza no es gratuita y los padres tienen que desembolsar entre 300 y 500 dólares al año para mantener un hijo en la escuela. Un costo fuera de la realidad de muchas familias congoleñas que poco consiguen recursos para garantizar el alimento de su familia.

    Tal como Msanii, el pequeño Siston ya descobrio que la vida en la calle significa una lucha diaria por la supervivencia.

    Hacen cinco meses, fue víctima de un accidente causado por una motocicleta.

    Está, deste entonces, caminando con el apoyo de muletas y uno de sus pies siguen hinchados. Sin medicamentos, nunca se ha recuperado.

    Él es tímido. No sabe cantar. Pero ve con ojos curiosos a Msanii y a los otros colegas que se arriesgan a componer sus propias músicas de rap.

    Áun no sabe si quiere ser un rapper, pero cuando los chicos se juntan para ouir Wanny S-king a cantar en los eventos públicos en Goma, Siston se anima.

    Cuando no está en los eventos musicales de Wanny, Siston busca abrigo y asistencia ofrecidos diariamente por la ONG Médicos Sin Fronteras (MSF) en Goma.

    “Me sorprendio cuando llegue a Goma, una ciudade con tantas ONGs, pero que no había ningun proyecto dedicado a los chicos que viven en las calles, ellos no eran considerados prioridad”, comentó Carla Melki, quien lidera un proyecto pionero iniciado en los meses de marzo y abril de 2017 para dar asistencia médica y psicosocial a niños desamparados como el adolescente Siston.

    © Flavio Forner

    Llamada de “Bobo Mobile”, la clínica móvil para los chicos de la calle o los “maibobo” en swahili, realiza 200 consultas médicas todas las semanas en diversos puntos de la ciudad.

    Siston es uno de los que frecuenta con regularidad el Bobo Mobile.

    A veces, apenas va en búsqueda de un abrigo, una merienda ofrecida a los chicos y una charla amiga con los enfermeros.

    “Recibimos niños de todas las edades, muchis han nacido de padres que ya vivían en la calles. Vemos infantes a partir de 4 años, pero la mayoría tiene entre 9 y 14. Hay también los que son mayores de 18 años y los adultos que viven en las calles por mais de 20 años”, explicó Melki.

    Un equipo formada por médicos, educadores y enfermeros intenta acojer y ofrecer apoyo clínico.

    © Flavio Forner

    Alrededor de 400 infantes transitan diariamente por la estrustura de container parqueada en áreas públicas de la ciudad.

    La mayor parte de los casos atendidos es de la malaria, heridas, inflamaciones, enfermedades de transmisión sexual e infecciones respiratorias, además de accidentes en la calle, como es el caso de Siston.

    Para casos más complejos, el equipo de MSF los encamina a unidades de salud en la ciudad.
    “Los chicos saben donde encontrarnos. Muchos apenas vienen en búsqueda de protección y para poder dormir con un poco de seguridad”, sostuvo Melki.

    El adolescente no tendrá su nombre original divulgado. Para garantizar la integridad y la seguridad de los niños menores de 18 años y seguir las directrices de UNICEF, los niños entrevistadas en este proyecto fueron identificadas por los apodos que ellos mismos eligieron
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