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    Jetaime

    “No hay futuro luchando en la selva”. Dice el congoleño Jetaime Kambale Pamoja.

     

    Con solamente 12 años de edad, él se unió a un grupo de autodefensa comunitaria, entre las docenas que proliferan en el este del Congo y son conocidos como Maï-Maï o Mayi-Mayi.

    Nació en el pueblo de Kisharo, 100 km al norte de Goma. Durante dos largos y penosos años, el joven luchó con el grupo armado en las proximidades del Parque Nacional Virunga.

    Ubicado en la frontera oriental de la RD Congo, a lo largo de 7.800 km², el parque se extiende desde las montañas Virunga hasta los montes Ruwenyori, en Uganda. Fue el primer parque nacional en África, creado en 1925 y, cinco décadas despues, declarado Património de la Humanidad por la Unesco e incluido en la Lista del Património de la Humanidad en peligro durante el genocidio de Ruanda.

    Durante el macabro genocidio en Ruanda, en 1994, que mató casi un millón de tutsis y hutus moderados, muchos ruandeses de origen hutu huyeron para el vecino Congo y se establecieron en los arrededores del Virunga, así como que numerosos grupos de tutsis que atravesaron la frontera del Congo y ocuparon en esta ancha región de selva.

    En la región de los Grandes Lagos, en la tripe frontera Congo-Ruanda-Uganda, los grupos armados se posicionaron de forma estratégica entre las sabanas y la densa selva húmida.

    Mientras los hutus crearon las Fuerzas Democráticas para la Liberación de Ruanda (FDLR), los tutsis se reunieron en el Movimiento 23 de Marzo (M23).

    Han sido prolongados los años de conflicto hasta que, tras haber invadido y ocupado Goma en 2012, el M23 fue desmantelado en el final del año seguiente por las fuerzas armadas congoleñas en conjunto con la Misión de Paz de las Naciones Unidas (MONUSCO).

    Aún así, el FDLR permanece activo, además de las docenas de grupos Mayi-Mayi actuantes en el Kivu do Norte.

    Ser un soldado aún niño

    Jetaime carga consigo un nombre con un significado muy particular: en francés significa ‘yo te amo’.
    Aún adolescente, se alistó voluntariamente para integrar uno de los Mayi-Mayi para luchar contra sus inimigos en suelo congoleño: rebeldes extrangeros, como el FDLR y el M23.

    Como no frecuentaba la escuela, Jetaime resolvió acoger el llamado de los líderes comunitarios de su pueblo.

    “Yo era muy pobre, no tenía nada. Por eso, decidí unirme a las milicias”, recuerda el joven, hoy con 23 años, que hoy día vive en la ciudad de Kiwanja, en el interior de Kivu del Norte.

    Un día, Jetaime fue um niño soldado. Ese dia há quedado para trás.

    Luego se dio cuenta que la vida en la selva en las cercanías del Virunga noo iba a ser fácil.

    “No dormíamos y siempre teníamos que estar preparados y a puestos para un ataque. Encontrar alimentos también era difícil. Comíamos lo que encontrábamos por el camino. Tambéen no tomábamos baño”, contó.

    Era común que fuesen sorprendidos en ataques de noche cuando estaban prestes a dormir y tenían que correr por la selva adentro.

    Si alguién se lastimara, no había medicamentos. “Ésta era mi vida en el grupo armado”, contó.
    A pesar de los escasos datos, estímase que existan entre 20 a 30 mil soldados integrantes de los Mayi-Mayi en las dos provincias de Kivu, según un informe de la ONU de 2011.

    Era de noche cuando Jetaime y más dos chicos resolvieron que era hora de escapar.

    “Simplemente empezamos a correr. Dijimos que íbamos a buscar alimentos y nos fuímos. Corrimos toda la noche”.

    Hacen cinco años ya que Jetaime tomó um otro rumbo para su vida.

    Luego que terminó los estudios, hizo un curso de capacitación y hoy trabaja como carpintero y maderero en su propio taller en una casa vieja sin techo en una calle tranquila sin asfalto en el barrio Buturande, en la periferia de Kiwanja.

    Aún improvisado, su taller ocupa una casa abandonada de ladrillo crudo con pedazos de madera en el techo que protegen del sol y de la lluvia.

    Sus vecinos ya lo conocen por los muebles que fabrica y les deja expuestos en la calle como vitrina.
    Sillas, camas, mesas, cómodas, muebles que el habilidoso carpintero molda con sus propias manos usando como auxilio una sierra y un martillo.

    Un nuevo rumbo.

    Ahora, el carpintero lleva su vida de forma independiente.

    “Hoy tengo un trabajo, terminé mis estudios y retomé mi vida”, dice el tímido pero firme Jetaime.
    Con um ingreso que recibe de la venta de sus muebles, él ayuda a pagar la matrícula para que uno de sus seis hermanos pueda ir a la escuela.

    Él no depende de nadie, El sabe cuidarse a si mismo y, siempre que puede, ayuda financeiramente a su familia.

    Jetaime aún desempeña un importante rol, el de conversar com los niños de Kiwanja para que evitar que caigan en las trampas de los grupos rebeldes.

    “Si uno entra en un grupo armado, perderá a su familia y la única cosa que se le puede pasar en la selva es morirse”.

    Él dice estar listo para ensiñar a quienes quieren aprender un oficio de la carpintería para que puedan conquistar su independencia y “tener un futuro”.

    Jetaime sueña un día comprar con su propio dinero un pedazo de tierra, erigir un hogar y enter una familia con hijos.

    “Espero servir de ejemplo y de inspiración”, dijo.

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