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    Bestbrice

    “Con la Capoeira, me siento que soy capaz de hacer alguna cosa. Dejo para trás mi pasado y todo o que he tenido que pasar cuando estaba en el grupo armado. Me da una paz muy grande”.

     

    Bestbrice, como le gusta que le llamen, tiene 16 años y hacían cuatro meses que vivía en Goma, en un hogar de acogida para niños que estuvieron asociados a las milicias armadas en la RD Congo.

    En este tiempo, él ha aprendido la ‘ginga’, un paso básico, de la Capoeira.

    A la pregunta: “¿qué es lo que más te gusta aquí?”, él contesta sin hesitarção y la primera palabra que le viene en su mente: Capoeira.

    “Cuando hago los movimientos, veo que todo es muy pacífico. La Capoeira me ayuda a hacer amistades pues jugamos todos juntos”, afirma.

    Bestbrice luchó en el grupo armado Mayi-Mayi Nyatura de origen hutu-congoleño, en el territorio de Masisi a 80 km a noroeste de Goma, en la provincia de Kivu del Norte.

    Los combatientes de esta milicia armada, que se define como de autodefensa e y ha sido creada en 2010, es una de las numerosas milicias comunitaria, los Mayi-Mayi, que se agrupan para defender su propio territorio frente a la amenaza de otros grupos armados invasores.

    Como tantas otras milicias, los Nyatura han sido responsabilizados por diversas violaciones de derechos humanos, execuciones sumarias, violación sexual, desplazamiento forzoso de ciudanos de sus hogares y el reclutamento de niños soldado.

    Los datos son escasos, pero un informe de la ONU de 2011 indicó que había entre 20 a 30 mil combatientes integrantes de grupos Mayi-Mayi que actuaban en las dos provincias de Kivu del Norte y del Sul.

    Bestbrice describe algunas de las dificultades por las que enfrentó durante el tiempo en que estuve en el grupo armado, como dormir y alimentarse. Este es un capítulo de su vida que prefiere no recordarse.

    Una noche, se unió con otros dos chicos para plantear una fuga por la selva. El plan había que ser infalible, nada podía salir mal, sino les costaría la propia vida.

    La meta era rendirse. Para ello, iban a tener que correr por la noche hasta llegar a un puesto de la ONU donde están militares de las fuerzas de paz. Desde allí, se iniciaría el proceso de desarme, desmobilización y reintegración social.

    Para alcanzar al puesto de la MONUSCO ha sido “dificil”, relató. Los tres chicos tramaron la fuga hasta la base de la ONU en la ciudad de Kitchanga, en una remota localidad a 70 km de Goma.

    “Tuvimos que mostrar alguna evidencia para comprobar que realmente habíamos estado en un grupo armado. Así que, em nuestra fuga, llevámos las balas de las armas que tenínamos que usar”.

    En seguida, fue transferido para un centro de verificación de ex-combatientes en una base militar de las fuerzas armadas congoleñas. Por ser menor de 18 años, lo encaminaron al sector de la UNICEF encargado de promover la reinserción de infantes que había sido combatientes. Fue así que llegó al centro de transición CAJED.

    © Flavio Forner

    “Aquí la vida es mejor, no sufrimos más. Dormimos bien, nos alimentamos bien. No nos obrligan a luchar”, relata.

    La primera vez que vio a la Capoeira, una actividad realizada semanalmente en el abrigo, no le llamó muicho la atención. Aúnda tímido, apenas se rió.

    “Pero con el paso de los dias, la curiosidad le vino para conocer un poco más y vio que podía ser algo bueno. Cuando uno empieza a jugar a la Capoeira, todo el mundo se une aunque hayamos luchado en diferentes grupos armados, muchos rivales. Ya tengo varios amigos aquí”.

    El abrigo es una estadía temporal, cuando cumpla 18 años, él tendrá que irse. Mientras tanto, los asistentes sociales del CAJED y da UNICEF intentam descubrir el paradero de sus familiares.

    Bestbrice nunca conoción a su madre. Después de dar la luz, su madre fue rechazada por el padre quien la expulsó del hogar. El padre se encargó de criarlo.

    “No sé donde está mi madre, ni si está viva o muerta. Si pudier, quisiera estar con mi família unida. Espero que mi padre me acepte, si no, yo intentaría buscar a una de mis tías. Parece que están todos en Ruanda”.

    Aún no sabe cuánto tiempo de espera tendrá en adelante.

    Los días que pasa en el abrigo, él ora. “Intento orar para que la reza me de paz interior. Tal vez la oración pueda ayudar a las personas”.

    Si él pudiera concluir los estudios, sería una gran conquista. Bestbrice no pasó del tercer grado de la primaria.

    “Quiero que mi vida continúe”.

    El adolescente no tendrá su nombre original divulgado. Para garantizar la integridad y la seguridad de los niños menores de 18 años y seguir las directrices de UNICEF, los niños entrevistadas en este proyecto fueron identificadas por los apodos que ellos mismos eligieron
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