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    Munyakazi

    “En el inicio, yo temía que los movimientos fueran brutos. Pero vi que no había ninguna violencia y que ningun movimiento me iría a causar daño”.

     

    La Capoeira se volvió un importante compromiso en la rutina de Munyakazi. Dos veces a la semana, ella frecuenta las clases ministradas por los instructores congoleños y lideradas por el maestro Saudade.

    El punto de encuentro es en el hospital Heal Africa, en el centro de Goma, referencia en el tratamoento de niñas y mujeres víctimas de violación sexual.

    Practicar esta arte marcial le ha ayudado a superar un trauma que la adolescente de 16 años sufrión hacen pocos años.

    A los 14, la chica fue drogada y violentada por un hombre que vivía en las cercanías del Quartier Birere, un populoso barrio en el suburbio de Goma.

    De forma ingenua se ofreció para ir a buscar água para un hombre que le había pedido un favor. Ignorando sus intencionnes, despúes de traerle baldes de água, fue intoxicada y perdió la conciencia tras haber tomado un refresco ofrecido por el hombre.

    Poco tiempo despúes de la violencia, Munyakazi se dio cuenta de que estaba embarazada del hombre que le abusó. Los efectos le han marcado profundamente su vida.

    © Flavio Forner

    De niña, se volvió madre. Tuve que abandonar bruscamente los estudios para ejercer la maternidade.

    “No me acuerdo de nada de lo que pasó aquel día. Fui violentada, me embaracé y hoy tengo un bebé. Pronto, ella completará un año”, dijo.

    Munyakazi es la segunda hija entre de los cinco hermanos. Después de dar la luz a la pequeña Karen, Munyakazi aún intenta acostumbrarse con los desafíos que la maternidad le impone. Ella depende mucho de su madre para ayudar en los cuidados de la pequeña.

    “Le amamanto y le doy baño, pero las otras cosas es mi madre quien me ayuda. No estaba preparada, nunca esperé tener un hijho. La transición de ser una chica para convertirme em madre no há sido fácil para mí”, admite.

    Desde que nació Karen, sus dias son enteramente dedicados a la bebé. “Espero que las horas pasen hasta el día siguiente, nada de especial”.

    Ella pasó a frecuentar sesiones de apoyo en Heal Africa lo que representado un nuevo comienzo para Munyakazi.

    Seus olhos brilharam ao ver meninas e meninos juntos num círculo dançando ao som de um instrumento musical de uma corda só, o que viria a descobrir pouco tempo depois que se chama berimbau.

    Sin saber muy bien qué sería, si era una lucha o simplemente un juego, se acercó y curiosamente preguntó si podría participar. Ya son meses desde que Munyakazi ha empezado.

    Después de cuidar de la pequeña Karen, jugar Capoeira pasó a ser su gran ocupación. La práctica há cambiado su vida y le há ayudado a reconstruir lo que le había quedado de su estima.

    “Me gusta a la Capoeira. Me ayuda a mantenerme sana y a hacer amistades. Cuando las clases terminan, siempre seguimos jugando en el camino de regreso a casa”.

    Ella ha descubierto que, pese a ser una lucha, ningun jugador puede tocar al otro, o mucho menos herir o lastimar. “Es por eso que realmente amo a la Capoeira”.

    Munyakazi se convirtió en un ejemplo en su barrio Birere donde convenció a varios de sus vecinos a frecuentar a las clases alos martes y miércoles.

    “La Capoeira me ayuda a superar lo que he pasado. Los profesores hacen charlas y nos dan consejos e incentivos. Poco a poco, me están ayudando”.

    Su sueño es poder retomar su vida, “quiero poder llevar mi vida com mis propias manos”.

    El adolescente no tendrá su nombre original divulgado. Para garantizar la integridad y la seguridad de los niños menores de 18 años y seguir las directrices de UNICEF, los niños entrevistadas en este proyecto fueron identificadas por los apodos que ellos mismos eligieron.
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